Archivo de Abril 2009

donación de órganosLos casos recientes asociados a la donación de órganos, nos hacen reflexionar sobre como podemos promover una auténtica cultura de generosidad y solidaridad para con los enfermos, teniendo un marco legal adecuado, la infraestructura necesaria, y la certeza de que se efectúa bajo los más estrictos principios éticos y morales.

Uno de los principales obstáculos que encuentra la donación de órganos en Chile, es que no existe la infraestructura adecuada para el procuramiento de órganos a nivel país. Muchos órganos hoy en día se pierden porque no hay un equipo médico asignado al procuramiento de órganos dentro de los recintos hospitalarios, y tampoco hay suficientes camas UTI en los hospitales.

La posibilidad de tráfico de órganos, el manejo de la lista de espera y la desinformación en el criterio de distribución de órganos obtenidos, desincentivan las donaciones (en Chile más de un 60% de la gente cree que no es transparente, según una encuesta de El Mercurio – Opina). Por lo que la nueva Ley de Donante Universal debe ir acompañada de una mayor transparencia y de una campaña comunicacional que entregue información a la población.

Aunque la decisión de no ser donante no es un acto egoísta ni injusto, donar órganos es una decisión heroica (pues va más allá de la justicia), por lo tanto, la donación debe promoverse pero no puede en ningún caso obligarse (pues no sería donación).

Los principios básicos que deben considerarse en la donación de órganos son:

  • La dignidad de la persona: El cuerpo de toda persona, junto al espíritu, que es dado a cada quien individualmente, constituye una unidad inseparable en la que está impresa la imagen del mismo Dios. Es por esto que se hace necesario el respeto por la dignidad de la persona y la defensa de la tutela de su identidad personal.
  • La técnica del transplante: Sólo se puede hacer este tipo de donación si no se pone en peligro la propia salud y la propia identidad, y siempre por un motivo válido y proporcionado.
  • La vida física es un bien primario, debe de ser tutelada en cada una de sus fases. No es moralmente lícito suprimir la vida de un inocente con el fin de obtener la sobrevida de otros. Por otro lado, es moralmente lícito disminuir la calidad de la propia salud con el fin de salvar a otro (principio de solidaridad). Por tanto, una persona viviente puede donar órganos no vitales (órganos pares); pero los órganos vitales singulares sólo pueden ser extraídos después de la muerte.
  • Los actos moralmente ilícitos: Los abusos en los transplantes así como su tráfico deben ser rechazados por la comunidad científica y médica por ser actos inaceptables. Igual consideración se debe tener con la creación y destrucción de embriones humanos con fines terapéuticos.
  • El consentimiento informado: La autenticidad humana de un gesto tan decisivo exige que la persona sea debidamente informada sobre los procesos que implica, de forma que pueda expresar de modo consciente y libre su consentimiento o su negativa y no se malinterprete como un acto coercitivo o de abuso. El consentimiento de los parientes tiene su validez ética cuando falta la decisión del donante. Naturalmente, deberán dar un consentimiento análogo quienes reciben los órganos donados.
  • La certificación de muerte: Es necesario que haya un consenso, de toda la comunidad científica, en los criterios para constatar la muerte del paciente, con el fin de evitar la más minima sospecha de arbitrio y lograr la confianza de la sociedad en la competencia y profesionalismo de quienes realizan esta tarea.

Finalmente, hacemos un llamado a confiar en la institucionalidad y en la ética de los médicos chilenos, recordando las palabras de Juan Pablo II, quién a propósito de un discurso en el Congreso Mundial de Trasplante del 2000 en Roma, señaló: “entre los gestos que contribuyen a alimentar una auténtica cultura de la vida merece especial reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas”.