Archivo de Septiembre 2009

MargueritaEs mas que nada plantear una pregunta, o un tema para pensar.  Para mí la peor pobreza no es la material, de hecho hay gente pobrísima que es muy feliz (lo logra por el espíritu), y sabe tratar de salir adelante o al menos lucha por su dignidad de persona, por alcanzar un mínimo. Pero tiene esa libertad de espíritu que la hace batallar, la hace vivir, y muchas veces encuentra personas que le dan una mano solidaria. En la pobreza material existen situaciones terribles, pero si la gente tiene vida dentro de si, siempre encuentra salida o es feliz.

La peor pobreza es la falta de espíritu positivo, la depresión, y tantos problemas relacionados a la mentalidad negativa o materialista de las personas. Es casi más preocupante que la pobreza material. Tanta gente que se suicida, o que vive pendiente de la plata y del poder, o cuyo único objetivo en la vida es alcanzar un estatus o calidad de vida perfecto, sin preocuparse del entorno social, de la cultura, de profundizar distintos problemas de manera histórica, humanista; terminando por desarrollar una vida plana y sin muchos horizontes (y una comodidad a corto plazo finalmente). Yo creo que la pobreza cultural es grave y seria, sobre todo en Chile, y para quien busca servir a la sociedad dándole solievo a quien tiene poco, esta pobreza intelectual o espiritual debería ser también un tema imperativo para resolver.

Como artista: la grandísima pobreza que existe en el mensaje del arte actual es preocupante. Hay autores como por ejemplo Renato de Fusco (“El placer en el arte”), o Kandinsky, que definía el arte como espíritu (especialmente el arte abstracto), son autores que a mi juicio han aportado muchísimo en la historia del arte. Pero en lo que se refiere al arte contemporáneo:  desde que se rompió la idea de la búsqueda de la belleza en términos de la filosofía clásica (armonía, elevación del espíritu por crear con una combinación de elementos y formas determinados, etc.) se ha derivado a que exista una gran cantidad enorme y mayoritaria de basura en circulación. Hoy día muchas galerías en cualquier parte del mundo, venden también cualquier cosa: el marketing y la idea de arte como inversión es lo que predomina. Y la gente que muchas veces se hace guiar mal por “entendidos” , termina comprando una arte morboso, contestatario (que busca ser la solución del planeta como si dependiera de un artista), o cualquier mugre que circula. Y eso es lo que se define como un super artista, que vale por la super galería… sin que en realidad la gente se de cuenta que detrás de todo esto, esta simplemente el marketing.  Es preocupante porque la falta de cultura se traduce en una pobreza de espíritu seria. Hay una inmensa mayoría de personas que no tiene idea lo que es arte, que al enfrentarse a una obra contemporánea le deja todo al galerista o al crítico que puede engañar como quiere… si cuando al final la apreciación del arte no pasa por ser un experto de arte contemporáneo. Pasa por la apreciación de la belleza y la apreciación de un mundo espiritual que la obra quiere entregar.

Hoy día la economía pretende ser la solución de todo, y gana terreno en todo, pero es fundamental el desarrollo de una real cultura, que se una a la historia, al humanismo; una cultura que tenga espesor filosófico, antropológico y en todo sentido,  y que cambie la manera de pensar y de vivir de las personas. La cultura entraría a resolver muchos más problemas de la gente, debería ser un tema de preocupación numero uno. Y el arte debería tener un rol mucho mas importante del que tiene: no es solo decoración o inversión, es espíritu, y bien desarrollado abriría un mundo de posibilidades a las personas. Es también colaboración a la pobreza.

Antonia Covarrubias

pobreza-exclusiónSi yo aceptara una invitación para asistir a una fiesta de los príncipes de Mónaco y si, por ser un poco más negrito, los otros invitados me miraran feo; si por usar mi mejor terno en lugar del smoking que no puedo tener, no me hablaran y se rieran a mis espaldas, entonces yo me sentiría frustrado. Primero sentiría vergüenza y luego frustración. Mi mejor corbata ya no se vería tan bonita como horas antes, frente al espejo. Probablemente me alejaría de todos y me quedaría tomando y fumando solo en un rincón. Si ya medio borracho armara un escándalo y por escandaloso me pidieran que me fuera, de la frustración pasaría a la rabia. Privado de cordura, tal vez rompería algunas copas y empujaría a algunas personas antes de salir. Los príncipes de Mónaco aprenden una valiosa lección: no hay que invitar nunca más a un negrito. Yo también: no volver a aceptar ninguna invitación que venga de los príncipes.

Hoy están de moda los reportajes de “Cisarros” que rompen copas y empujan personas; niños delincuentes (y otros no tan niños) que viven en la frustración de no poder tener lo que la televisión les muestra; que viven con rabia, con odio hacia los invitados que se ríen de sus pretensiones absurdas y los desprecian por no haber heredado la fortuna que ellos disfrutan; y que, finalmente, se autodestruyen en las drogas, pues el odio destruye y ellos están llenos de odio.

Así como el médico competente receta medicamentos para tratar la enfermedad, no los síntomas, el político prudente debe identificar bien el problema para poder recetar la solución correcta. Cuando el caballito de batalla de un candidato es la “mano dura” frente a la delincuencia; cuando le echa la culpa al Gobierno por los Cisarros del país, entonces el político ataca el síntoma e ignora la enfermedad, no entiende que el problema es social. Él, en realidad quiere decir que la solución es no invitar más a los negritos. Pues bien, creer que la solución es más castigo, es pensar sólo en nuestros intereses, es crear una falsa sensación de seguridad, es no pensar en el desgraciado, es excluirlo de la fiesta: es no entender el problema. La justicia de la sanción es necesaria, por supuesto, pero no es suficiente. Como sociedad debemos estar fracasando si nuestros niños pierden su inocencia antes de empezar a ser niños. Si los inocentes odian y tienen como modelo al Cisarro, en algo estamos fallando. ¿Cómo es posible que aquél que es paradigma de inocencia no conciba la posibilidad de una mejor vida? No todos los niños son Cisarros, pero sí parecen haber más niños como Cisarro. ¿Vamos a tirar la toalla?

Antes de Bielsa, nadie daba un peso por los muchachos de la selección chilena. Ahora, Chile le disputa a Brasil el primer puesto en las clasificatorias al mundial de fútbol y en el equipo no hay ningún Robinho. Bastó que una persona -aunque no cualquier persona- creyera en ellos, que les dijera que con esfuerzo ellos podían hacer lo que los demás decían que no podían, para lograr lo que parecía imposible: salir del último lugar de las clasificatorias pasadas para disputar el primero era algo que nadie veía posible y sí, puede que no lo logremos al final, pero ahora todos creemos… Iniciativas como las orquestas juveniles apuntan en la dirección correcta y funcionan porque identifican que la causa del problema es, lisa y llanamente, falta de amor. Si ni el Presidente va a creer en los marginados, ¿por qué ellos van a tener que creer en sí mismos? Si el mensaje que los políticos, los medios y la ciudadanía envía es más exclusión, ¿qué motivo pueden tener para aceptar nuestra invitación a la fiesta? En ese contexto, es más atractivo empujar y romper copas, mejor ser como el Cisarro.

La caridad a la que todo cristiano está obligado no se agota en la invitación a la fiesta. Amar al prójimo exige ver al otro como a un hermano y no como a un pájaro al que se le arrojan migajas en la plaza. Amar al hermano exige integrarlo a la comunidad, nuestra familia, comprenderlo en sus miserias, dar consuelo a sus penas porque nos duele su dolor y prestar ayuda entendiendo algo que a todo hombre bien criado le enseñan desde chiquitito: que la familia está primero.

Felipe Ibarra, Muévete Chile