Archivo de la Categoría Familia
Grandes avances en la investigación biomédica permiten al hombre tener diversos medios terapéuticos para intervenir en los mecanismos de la procreación. Sin embargo, Dios ha confiado al hombre el don de la vida y le exige tomar conciencia de su inestimable valor y lo tome con responsabilidad.
“Ellas eligen al donante de su hijo de un catálogo. Ahí encuentran las características del donante como la raza, altura, pelo, color de ojos, religión y hobbies de las distintas alternativas de padre.”
Al reflexionar sobre este tema no puedo dejar de pensar en esas mujeres que protestan pidiendo píldora del día después, legalización del aborto, sexualidad segura, igualdad con los hombres, y un sin fin de medidas que buscan “bloquear” la fertilidad. ¿Es esto un “cara y sello” de la sociedad actual, o son las mismas mujeres que al paso de los años se sienten llamadas a la maternidad?
A lo largo de los años se ha visto un cambio en nuestra sociedad, que ha llevado a una perdida de la identidad femenina y masculina, cambio de la estructura familiar, las que, entre otras causas, llevan a buscar medidas, distintas a las naturales, para ser padres. Como respuesta a este fenómeno en 1987 el Cardenal Ratzinger escribe ”Donum vitae” sobre el respeto de la vida humana naciente y la divinidad de la procreación, en la cual califica como “moralmente injustificable”, la fecundación artificial de una mujer no casada, soltera, viuda, sea quien sea el donador.
La tradición de la iglesia y la reflexión antropológica reconocen en el matrimonio y en su unidad indisoluble el único lugar digno de una procreación verdaderamente responsable. La fecundación artificial heterologa es contraria a la unidad del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia de los padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y traídos al mundo en el matrimonio y por el matrimonio.
La intervención de la iglesia se inspira en el amor que debe al hombre, al que ayuda a reconocer y a respetar sus derechos y sus deberes. Es cada vez más urgente la necesidad de tomar en cuenta las intervenciones de la Iglesia, la cual está al servicio de la civilización del amor y de la vida.
Paola González, Muevetechile.org
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“A la fecha registramos 55 femicidios”, son las cifras que entrega el Sernam el 13 de noviembre.
Desde un punto de vista social lo primero que manifiesta un crimen de este tipo es una profunda crisis social. Una familia bien constituida no es la tónica de estos casos, más bien las cifras demuestran que son convivientes, parejas o ex parejas las que matan a las mujeres, raramente es un marido.
El Chile de hoy se leja rápidamente de las familias bien constituidas, esto es consecuencia además de otras, por la señal dada por el legislador, aquella que nos dice que el matrimonio y la familia son desechables, sobre todo en los sectores más modestos, el progresismo no solo abandona la familia, sino que la persigue, regulando y fomentando campañas destructoras de la familia, como la campaña del condón, que estimula el sexo que conduce a la maternidad adolescente, que por cierto excluye como regla general el matrimonio y la familia, además se promueve el uso de la píldora del día después.
Desde el punto de vista jurídico, nuestro ordenamiento contempla normas que buscan apalear estos sucesos, por un lado tenemos la ley 20.066 de violencia intrafamiliar que deriva la competencia a los juzgados de familia para conocer de este tipo de asuntos, ahora si el maltrato es habitual se deben remitir los antecedentes al ministerio público, por lo que a veces no es claro el camino a seguir.
Lo que podemos divisar como una solución a corto plazo es proteger a la mujer después de efectuada la denuncia, el art. 14 de la ley de violencia intrafamiliar hace justamente lo contrario, retrasa, ya que según ésta no se puede dar inicio a la investigación por parte del ministerio público del delito de maltrato habitual sin que el tribunal de familia remita los antecedentes, situación que puede demorar meses dejando desprotegida a la agredida. Esto es importante ya que en la actualidad hay más denuncias (se han duplicado en los últimos años), pero menos detenidos, lo que resulta preocupante ya que se entiende que más de la mitad de las víctimas de femicidio habían echo una denuncia con anterioridad.
Por otro lado la sobrecarga de los tribunales de familia, como del ministerio público, son causa fundamental de esta desprotección a la que hacemos alusión, sin lugar a duda esta situación se podría revertir con un aumento del personal de justicia en ambas entidades, logrando celeridad en el conocimiento de los hechos, perfeccionándose las medidas cautelares a tomar en protección de las victimas, sin embargo, inevitablemente esto se traduce en un aumento de presupuesto, solución lejana a nuestra realidad.
En fin es mucho más fácil tratar de legislar para solucionar los problemas, pero la verdad es que la solución podría estar en nuestro propio entorno, en nuestra familia. Bien dijo alguien por ahí “la mejor ley anti-femicidio es la que protege a la familia”.
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A propósito de la nueva madrina Presidenta, propongo crear una asociación de Padrinos por la Vida.
Que gran reconocimiento merecen las mujeres que, con amor heroico por su hijo, llevan a término un embarazo no deseado, derivado de la injusticia de relaciones sexuales impuestas por la fuerza o el hedonismo. Hago referencia no solo al contexto de la violencia física, sino también a las situaciones ocasionadas por la cultura hedonista y comercial que promueve la explotación sexual de las mujeres, muchas veces induciéndolas desde niñitas a caer en ambientes de corrupción.
Como lo mencionara Juan Pablo II en su Carta a las Mujeres en 1995, “en semejantes condiciones, la opción del aborto, antes de ser una responsabilidad de las mujeres, es un crimen imputable al hombre y a la complicidad del ambiente que lo rodea”.
Con estas reflexiones, ¿Qué debería hacer nuestra sociedad?
1. Reconocer y apoyar a las mujeres que llevan un embarazo que no han deseado. ¿Cómo? a) Con apoyo psicológico y emocional. Hay instituciones y personas dispuestas a ayudarlas y apoyarlas (p.e. anónimos por la vida, proyecto esperanza, chile unido). Entonces habrá que promover y beneficiar a estas instituciones. b) Con ayuda material que puede ser a través de un “padrino o madrina” que quiera respaldar esta nueva vida. Propongo crear una asociación de Padrinos por la Vida. c) Con apoyo médico asegurado para la madre y futuro apoyo académico para el hijo (beca escolar). Si una madre está en esta situación requiere de nuestra ayuda.
2. Darnos cuenta de que el ambiente actual DEBE cambiar para promover una educación del sexo con responsabilidad. Las empresas también deberían ser socialmente responsables en este campo y no contratar empresas de marketing que abusan del cuerpo y de nuestro instinto animal. Lo mismo para los medios de comunicación y los programas de televisión.
3. Los padres, primeros educadores de los hijos, no podemos delegar esta inmensa responsabilidad en el Estado, quien se ha puesto por objetivo reducir la pobreza y sus problemas incluso a costa de vida de nuestros hijos por nacer (al puro estilo hitleriano).
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Escrito por: admin en Familia, Todos
Hace doscientos años, el sacerdote dominico Henri Lacordaire le decía a un grupo de jóvenes: “Es propio de los grandes corazones descubrir la necesidad más urgente de su época y consagrarse a ella”. Haciendo eco de sus palabras, a Alberto Hurtado a principios del siglo XX no le costó identificar la necesidad de su época, la igualdad social, y se entregó de lleno a la causa de los pobres y de los trabajadores. Hoy, comenzando un nuevo siglo, se hace un poco más complejo determinar cuál es el gran problema de Chile, ese que nos hace preguntarnos si verdaderamente somos un país feliz. Vemos todavía focos de pobreza, altos consumos de antidepresivos y drogas, delincuencia en aumento, una mala calidad de la educación pública, corrupción, altos niveles de endeudamiento en todos los segmentos, etcétera. Pero si nos preguntamos cuál es el gran problema que hace aumentar estos males, no tendría duda en responder que es la descomposición de la familia.
Estudios científicos han demostrado, por ejemplo, que el solo hecho de comer en familia trae consecuencias positivas en la personalidad de los hijos como una buena autoestima, la relación con los otros, la capacidad de aprendizaje. Es necesario hoy defender y fomentar el matrimonio y la familia, si no queremos llegar al triste récord alcanzado por Estados Unidos, donde el 51% de las mujeres vive sin marido. Para esto debemos estar conscientes de que la necesidad del tiempo que nos tocó vivir es la recuperación de la familia y abordar el problema por todos los frentes. Uno de ellos son las políticas públicas familiares, donde el gobierno apoya a las familias en una diversidad de áreas que van desde reconocer la vida, hasta bonos para familias pobres que tengan más de tres hijos. Las políticas familiares se están implementando con éxito como medidas de emergencia en España, México, EE.UU. y Alemania. Resultados aún mejores podríamos tener si no esperamos llegar a extremos para darle una mano a la familia, sin la cual, como Juan Pablo II nos advertía, “la humanidad no tiene futuro”.
FELIPE HIDALGO BUSTOS
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Escrito por: admin en Familia, Todos
Ante la nueva campaña de Prevención del Sida que lanzó el gobierno y que tiene como slogan: “Mi vida la cuido toda la vida… siempre condón”, MuéveteChile exige el retiro de esta campaña basada en la política preventiva, y reclama una educación en libertad y responsabilidad personal.
Ahora que está trabajando el Consejo Asesor de Educación, es el momento ideal para hablarse de la enseñanza en valores, es la gran ocasión para cambiar la pedagogía de la irresponsabilidad sexual impulsada desde las Administraciones publicas desde hace años para insistir que todos somos dueños de nuestros actos y también del uso que hacemos de nuestro cuerpo.
Cada año miles de mujeres, -en su mayoría adolescentes-, se ven abocadas al abuso de la píldora del día después, posibles embarazos no previstos y enfermedades de transmisión sexual. Todo esto demuestra que las campañas de uso del preservativo aumentan justamente los efectos que quieren evitar.
MuéveteChile insiste en que la única política preventiva “está en la educación y el respeto a la libertad individual. Una campaña responsable no puede evitar los efectos de las relaciones sexuales –embarazos imprevistos y enfermedades de transmisión sexual-, sino informar sobre ellos. La sexualidad, como cualquier otra dimensión de la persona, debe ser ejercitada con responsabilidad, teniendo en cuenta sus consecuencia, conforme a criterios éticos razonables”.
Si las administraciones públicas y el sistema educativo junto con cierta publicidad sexista siguen incentivando la promiscuidad sexual desde la adolescencia, el número de embarazos imprevistos será imparable, y todo lo que ello acarrea”.
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La gran mayoría de los chilenos estamos a favor del matrimonio y de la vida; entendemos que el matrimonio es para toda la vida y que la mujer no tiene, bajo ninguna circunstancia, el derecho de someterse a un aborto.
Así lo da a conocer la encuesta Nacional Bicentenario realizada por la Universidad Católica y Adimark. Para esta encuesta se entrevistó a 2.042 personas de 86 comunas del país. Los resultados, publicados por El Mercurio, demuestran que el 77,4% de los chilenos está de acuerdo con que el matrimonio es para toda la vida.
Una cifra similar, 70%, coincide en que la mujer no tiene derecho, bajo ninguna circunstancia, de someterse a un aborto. El 39% de los encuestados estaría de acuerdo con el aborto en casos de violación y solo el 9,1% cuando la crianza del bebé represente un problema económico.
El 42,7% cree que sus hijos no deben convivir antes de casarse y el 53,7% apoya que las parejas que conviven se casen cuando tienen hijos. El 84,2% de los consultados está de acuerdo con que las personas permanezcan en contacto con su familia más cercana aun cuando no tengan mucho en común, y el 70% asegura pasarlo mejor con la familia que con los amigos.
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Ante un fenómeno tan complejo como el de la homosexualidad humana, surgen numerosas interrogantes que la ciencia ha tratado de responder. La primera, dice relación sobre la frecuencia de la homosexualidad en la población general. De acuerdo a los estudios de Wellings (1994) y al de Narring (2003), las personas homosexuales en la población no alcanzan más allá del 2-4%. Ciertas organizaciones pro-gay plantean una frecuencia de hasta el 10%, cifra que proviene del estudio de Kinsey en 1948, que presentaba numerosos errores metodológicos.
Una segunda interrogante, se refiere a si la homosexualidad es una condición innata con sustrato biológico. A mediados de la década de los 60 se buscó alguna alteración hormonal o bioquímica en personas homosexuales, sin encontrar diferencias respecto de los heterosexuales (Perloff 1965).
En 1991 LeVay publicó en la revista Science un estudio que revelaba que las personas homosexuales poseían un núcleo cerebral de menor tamaño que los heterosexuales. Sin embargo, dicho estudio contaba con una muestra pequeña y la mayoría de los individuos examinados estaban infectados con VIH, por lo que no se puede concluir si la alteración fue debido a la infección o por la orientación homosexual del individuo. Otros estudios han buscado reproducir los resultados de LeVay sin éxito (Bayne 1993, 1994).
Dos años después de LeVay, la misma revista Science publicó otro artículo en que se anunciaba el descubrimiento del gen de la homosexualidad. Su autor, Dean Hamer, fue posteriormente procesado por la Federal Office of Research Integrity por manipulación fraudulenta de los datos del estudio. La contraprueba no arrojó los resultados obtenidos por Hamer (Ebers 1995).
Algunos grupos continuaron postulando un rol de la genética en la etiología de las conductas homosexuales a raíz de un estudio de 1952 que observaba mayor frecuencia de conductas homosexuales entre gemelos idénticos respecto a no-idénticos. Pero otros estudios posteriores demostraron que no había diferencia entre idénticos y no-idénticos, es más, niños adoptados en familias con hijos gemelos homosexuales tienden a presentar conductas homosexuales también, lo que sugiere un preponderante rol del ambiente por sobre una “causalidad genética” (Baron 1995).
Una tercera interrogante plantea la posibilidad de cambio de la orientación homosexual a heterosexual. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, fue uno de los primeros en postular que esto es posible, siendo confirmado posteriormente por sus discípulos: Anna Freud, Adler, Stekel, etc. En la actualidad, Gerard van den Aardweg psicólogo holandés especialista en psicoterapia de la homosexualidad, quien visitó Chile a fines de septiembre del 2005, afirma que el cambio de conducta se obtiene en aproximadamente el 50% de los tratados. Robert Spitzer, psiquiatra norteamericano que en la década de los 70 se manifestaba pro-gay y afirmaba que el cambio era imposible, publicó el 2003 un estudio sobre los efectos de la psicoterapia para cambiar la orientación sexual, en el cual el 17% de los hombres y el 54% de las mujeres lograba una atracción heterosexual exclusiva post psicoterapia. A raíz de estos resultados, Spitzer es ahora un férreo defensor del cambio. Quienes no creen en esta eficacia, han citado un artículo publicado este año en la revista British Medical Journal, que cuenta con pocos casos tratados, y que en su mayoría son personas que se sometieron a tratamientos aversivos con corriente eléctrica (“electro shock”) y hormonas femeninas en la década de los 60. Estos métodos no se relacionan para nada con las psicoterapias que han demostrado su efectividad como el psicoanálisis, terapias psicodinámicas y gestálticas.
Podemos concluir, que no existen argumentos científicos que demuestren una condición innata de la homosexualidad (neurológica, endocrina o genética); más bien se trataría de personas susceptibles en su personalidad, que bajo una determinada influencia ambiental expresarían una orientación homosexual en la adultez, la cual puede ser parcial o completamente reversible en muchos casos.
Dr. Fco. Javier Bustamante Volpi
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El 62% de los niños y los jóvenes chilenos afirman que su principal fuente de información en sexualidad es la televisión. Ante tamaño dato, que arrojó una amplia encuesta en 2004, el Ministerio de Educación (Mineduc) se propuso saber qué estaban aprendiendo los escolares frente a la pantalla chica.
Junto al Consejo Nacional de Televisión (CNTV), encargaron un estudio a la Universidad Diego Portales sobre los contenidos en sexualidad de los programas más vistos por la audiencia infantil y juvenil en la TV abierta. El análisis se hizo a fines del año pasado, cuando los espacios de mayor audiencia infantil eran las dos teleseries de las 20:00 horas (”Versus” y “Gatas y tuercas”); dos teleseries infantiles de Mega (”Mitú” y “BKN”); y los programas juveniles “Rojo”, de TVN, y “Mekano”, de Mega.
El análisis de contenido mostró que, en promedio, las acciones explícitas de sexualidad (besos, caricias, hacer el amor, hablar de reproducción) corresponden al 4,1% del total. Y de éstas, el 77,2% fueron acciones eróticas. Sólo en un 1,5% de las escenas se promovió el autocuidado en materia sexual.
Mensajes televisivos
Estos resultados fueron anunciados ayer por la ministra de Educación, Yasna Provoste, y por el presidente del Consejo Nacional de TV, Jorge Navarrete. Este último mostró también un segundo estudio, realizado por Sociología de la U. de Chile, en el que se registraron las percepciones de niños y jóvenes sobre lo que la TV les entrega en materia de sexualidad. “Y allí se ve que ya a los 10 años los niños y las niñas empiezan a mostrar comprensión sobre los mensajes de prevención en sexualidad”.
El análisis de contenido de programas arrojó también de qué forma éstos exhiben estereotipos sobre las figuras masculina y femenina. Mientras las teleseries muestran a mujeres fuertes, atractivas y calculadoras (rotuladas por el estudio como “amazonas”) y a hombres débiles e inseguros (”niño grande”, dice el estudio), los programas juveniles las muestran a ellas como decorativas, atractivas e ingenuas (”jarrón chino”) y a ellos como seguros y astutos (”pícaro”).
Para la ministra Provoste, esto representa “una distorsión de las imágenes masculina y femenina, que no le hacen bien a lo que queremos construir”.
Para Soledad Larraín, sicóloga de Unicef, lo más preocupante del estudio es justamente esa imagen de los hombres y las mujeres. “Este aprendizaje puede influir después en las relaciones que se tengan con el sexo opuesto”.
Para ella, la preponderancia de la televisión en la forma en que los niños y los jóvenes se están educando en sexualidad tiene que ver con la deuda que mantiene el Ministerio de Educación con un programa de educación sexual fuerte y sólido.
Provoste y Navarrete, en tanto, coincidieron en que ambos estudios dan claras luces sobre la influencia en este ámbito de un medio como la televisión. “La TV va a seguir mostrando romance, amor y erotismo; va a seguir educando en sexualidad, y la idea es que lo haga más conscientemente”, dijo Navarrete.
Actores involucrados
Tras entregar los resultados del estudio, la ministra Yasna Provoste dijo que se tomará contacto con los canales para iniciar una línea de trabajo que los involucre en el sentido señalado por el Plan Nacional sobre Educación en Sexualidad y Afectividad. Pero interpeló también a los padres: “Debemos responsabilizarnos sobre lo que nuestros hijos están viendo en televisión”. Y agregó que se está tomando contacto con ellos para reforzar su participación en el mencionado plan.
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Desconfianza me inspira la encuesta valores 2006, encargada a la consultora Mori, cuando se afirma: “A la velocidad que han cambiado los valores culturales en la última década, Chile necesita de treinta años para llegar a tener los estándares que hoy se identifican con una sociedad moderna”.
Pero, ¿qué se entiende por sociedad moderna? ¿Acaso no son ambiguas categorías como tradicional-secular, conservador-progresista? ¿No son más justos criterios como bien y mal, individualismo y generosidad, ennoblecimiento y degradación, virtudes y corrupción? El colombiano Nicolás Gómez Dávila escribe con ironía: “De la putrefacción de la civilización moderna sólo se duda en país subdesarrollado”.
Para nuestro consuelo, si seguimos avanzando a paso de tortuga, nos quedan aun treinta años para estar a la altura de los parámetros modernos. Sí, las ideas “modernas” y liberales son simpáticas, pero ya hay suficiente verificación empírica para poder proclamar de modo contundente que sus consecuencias son nefastas.
Las encuestas sociológicas, aplicadas a temas morales, tienen el peligro de convertirse en el nuevo Oráculo de Delfos, invitando a renunciar a vivir de acuerdo a las más altas posibilidades humanas para conformarse con lo que se lleva o es estadísticamente normal. No hay que adherirse a lo que simplemente pasa, sino elevarse a lo que permanece. Hay que saber despertar y descubrir al hombre eterno en el hombre actual. Y para eso: Platón, San Agustín, Pascal, Dostoievski, más que otorgar crédito a superficiales encuestas que presumen detectar los “signos de los tiempos”. Y, siguiendo a Gómez Dávila, buscar la verdad fuera del tiempo es la manera de encontrar la verdad de nuestro tiempo, porque el que busca la “verdad de su tiempo” sólo encuentra los tópicos del día. Las épocas históricas se asemejan mucho más de lo que parece: el siglo XIX no vivió más angustiado con sus represiones sexuales que el siglo XX con su liberación sexual. Obsesión idéntica, aun cuando de signo contrario.
extracto de artículo “Encuestas y valores” publicado por D. Jorge Peña Vial
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Las recientes Normas sobre Regulación de la Fertilidad y el primer esbozo del Marco Regulatorio en el Informe sobre la Calidad de la Educación en Chile son ilustrativos de la presencia de dos visiones acerca de la política pública en el ámbito de la formación de los jóvenes en nuestro país.
En el primer caso, la autoridad trata de resolver un serio problema social, el embarazo adolescente, por una vía mecanicista donde, con el falaz pretexto de actuar por el “bien de la comunidad”, el Estado interviene y promueve una agenda “valórica” que prescinde precisamente de valores objetivos. Sólo importa la defensa de un supuesto “principio de autonomía y respeto por las personas”, lo que implica apoyar sus decisiones libres con respecto a su sexualidad y reproducción. En nada se pondera el grave impacto en la promiscuidad sexual de menores cuya capacidad de discernir a los 14 años es prácticamente nula o el menosprecio que tal política supone sobre el rol de los padres en la educación de los hijos. Tampoco importa el empleo de métodos que por su posible condición abortiva pueden afectar la vida de seres humanos. Por último, no se tiene presente la evidencia internacional, que es concluyente en demostrar que políticas parciales como el uso de artefactos de emergencia no tienen éxito, ya que no integran la condición de adolescencia con los determinantes sociales del fenómeno que se pretende abordar.
En el caso de la discusión sobre educación escolar, un porcentaje del Consejo Asesor se declara firme partidario de “erigir a la educación estatal en el paradigma de calidad del sistema” y se llama a “discriminar positivamente a ese sector y a quienes lo educan, a fin de favorecer la igualdad de oportunidades”. Aquí tampoco importa la contundente evidencia que demuestra que la participación de colegios privados en la provisión de educación conlleva a un mejoramiento de la calidad, aun corrigiendo por características personales y familiares de los alumnos que asisten a esos establecimientos. No se reconoce que es el efecto de la competencia en los colegios particulares subvencionados lo que promueve la calidad, y son los padres, a través del financiamiento compartido, actores principales en la elección del lugar de estudio para sus hijos y, en consecuencia, el origen del mejor desempeño. Conviene en este punto recordar las palabras del Premio Nobel de Economía Gary Becker, quien, refiriéndose al papel de las familias, señala que “la productividad en las economías modernas está basada en el conocimiento, y la evidencia empírica demuestra que son los padres y las familias las fuerzas más formidables de la inversión en conocimiento. Los colegios juegan un rol importante y es vital preocuparse por su calidad; sin embargo, ellos no reemplazan a las familias en la formación del capital humano”.
Aunque con matices, el elemento común en ambas políticas es la creencia de que el Estado es capaz de orientar mejor las decisiones individuales de los jóvenes, reemplazando en ese papel a los privados y, más fundamentalmente, a los padres y sus familias. En la regulación de la fertilidad para los menores, el énfasis está puesto en el ejercicio de una libertad sin ataduras ni responsabilidad frente a nadie, camino que mejor califica para un pleno goce de la autonomía y “el disfrute de una sexualidad placentera y segura”. La fuerza moral para un protagonismo de los padres cede su espacio a la asesoría del consultorio público o a la consulta clandestina de un tercero.
En la regulación sobre la educación, la confianza sobre la superior ventaja del Estado radica en un principio similar: desestimar el aporte privado por la convicción de que el Estado cuenta con las capacidades y conoce mejor la realidad para operar con efectividad. Hay implícito en la propuesta el sesgo ideológico presente en la atávica costumbre de algunos de presumir que el Estado sabe mejor qué le conviene al país.
De cara a un Chile que presume llegar al Bicentenario como nación desarrollada, la presencia de estas visiones antagónicas sobre el espacio público-privado en la formación y educación de los jovenes debe mover a una profunda reflexión. Malos vientos correrán si se mira con recelo al mundo privado y, en particular, al valor del núcleo esencial de nuestra sociedad, la familia, la que en palabras de Juan Pablo II “es la única que posee vínculos vitales y orgánicos con la sociedad, porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función de servicio a la vida. De ella nacen los ciudadanos, y éstos encuentran en ella la primera escuela de esas virtudes sociales que son el alma y desarrollo de la sociedad misma“.
Carlos Williamson B.
Prorrector Pontificia Universidad Católica de Chile
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