Un chileno en Trumau
Miércoles, Septiembre 21st, 2011
Soy Matías Salazar, estudiante de 5º año de periodismo en la Pontificia Universidad Católica, integrante de Muévete Chile, y en Julio pasado tuve la fortuna de viajar a Austria para realizar mi primer programa del Phoenix Institute, un seminario internacional de filosofía y política orientada hacia los valores humanísticos cristianos. Estuve un mes tomando clases allí y fue una experiencia fabulosa en muchísimos sentidos, tanto turísticos, como académicos, sociales y personales.
El seminario se localizó en el Instituto Teológico Internacional (ITI) en Trumau, un pequeño pueblo a 25 kms. de Viena, la capital. Las clases se hacían en un pequeño castillo. El lugar, para qué decir lo hermoso y encantador. Trumau, al igual que Viena y otras ciudades del país, gozaba de calles limpias, edificios y casas muy bien cuidadas, cuyas rejas no medían más de un metro de altura y esa era toda la seguridad que tenían. Incluso había edificios de industrias y empresas que ni siquiera tenían portón. Se podía andar por la calle a cualquier hora. La gente, no sólo muy educada sino que también muy hospitalarios.
Los alumnos éramos 30 en total, provenientes de: México, España, Holanda, Reino Unido, Polonia, Colombia y Chile (solamente yo). Los tres profesores del curso venían de Holanda, Dinamarca y Austria. Además convivíamos con los estudiantes permanentes del ITI, donde pude conocer gente de Lituania, Ucrania, India, Nigeria, entre otros. En fin, un evento de carácter multinacional. Con ellos no sólo compartimos la sala de clases, sino también momentos de conversación y diversión, desde piscinazos hasta salidas a bailar. Me fue muy grato conocer cristianos de otras latitudes y saber cómo se vive y practica la fe en sus países de origen, y el rol cívico que toma cada uno, a su manera, para defender y promover nuestras creencias y valores. Había miembros de juventudes de partidos de inspiración cristiana, voluntarios de organizaciones educativas, alimentarias, indigenistas, entre otras.
Escogí realizar dos asignaturas: “La Retórica de Aristóteles” y “Teología de Santo Tomás”. Contenidos bastante novedosos para mí, ya que en mi carrera poco y nada vemos de filosofía clásica. Las materias me hicieron reflexionar un montón sobre la vida diaria, sobre cómo aplicar estos nuevos conocimientos para analizar la cultura relativista y materialista actual, y luego, obtener algunas conclusiones para así poder al menos, bosquejar algún humilde intento de solución al respecto. Así fue como realicé dos ensayos finales, uno para cada asignatura; en Dialéctica, desentrañando algunos sofismas de la propaganda relativista, mientras que en Teología, estableciendo conexiones entre la eternidad de Dios, la creación y la evolución del universo.
Pero el programa no sólo consistía en asistir a cátedras, escribir ensayos y rendir evaluaciones. También realizamos salidas a terreno donde conocimos algunos sitios históricos de la cristiandad en Austria. Visitamos varias catedrales en Viena, más las abadías de Heiligenkreuz y Closteneuburg. Para los que nacimos, crecimos y vivimos en Latinoamérica y somos cristianos, esta es una experiencia única e imperdible. Conocer catedrales, monasterios y abadías del centro histórico de la cristiandad, patrimonios construidos en la Edad Media, cuya arquitectura, piezas y reliquias hacen sentir a uno como transportado en el tiempo hacia aquella era, es asombrosamente fascinante.
Claramente, no podía ir a Europa sin turistear por cuenta propia. En Viena conocí importantísimos palacios como el de Schönbrunn y el de Belvedere, este último convertido en un museo de arte histórico donde se preservan esculturas de la Grecia antigua, retratos en pintura de los Habsburgos, pinturas que ilustraban batallas de los tiempos de Napoleón, algunas piezas de los más destacados pintores de todos los siglos como Picasso, Rembrandt, Klimt, entre otros. También visité Salzburgo, donde subí el cerro de la ciudad hasta la cima donde se encontraba el Castillo de Hohenzollern, que hoy es un museo que enseña prácticamente toda la historia militar del imperio Austro-Húngaro. Y la vista hacia la ciudad desde el castillo, simplemente es indescriptible. Para mí, Salzburgo es la ciudad más hermosa que he visitado jamás.
También visité otros países de Europa Occidental y Central: Eslovaquia, Suiza, Alemania, Bélgica y Holanda. Pero más allá de tomarle fotos a los paisajes, construcciones y monumentos, me dediqué a observar cada detalle, hasta donde me era posible, de la sociedad Europea. Me daba gusto que al menos en Austria, Suiza y Alemania la gente siguiera yendo a misa, tuvieran una amabilísima disposición con los visitantes (y no hablo de sitios y oficinas turísticas sino de la gente de la calle), ver a la gente mezclarse sin prejuicios con gente de una y otra raza, y lo más envidiable de todos ellos: una asombrosa cultura de honradez y respeto. En otras áreas, la organización de cada servicio era sumamente eficiente y clara. Las calles, impecables, mientras que las construcciones de hace siglos se mantenían como si hubiesen sido construidas ayer.
Pero no toda Europa es así, aparentemente. En Eslovaquia, por ejemplo, la gente era muy distinta. No eran amigables y sin exagerar, sólo a muy pocos los vi sonreír. Salí por la noche en Bratislava, y me tocó vivir un par de episodios un tanto agresivos con jóvenes locales en estado de ebriedad. Las discotecas por lo general tenían un salón-prostíbulo. Muchas parroquias y catedrales construidas siglos atrás, hoy se encuentran cerradas pues ya casi nadie asiste a misa. Los edificios deteriorados, las calles un tanto sucias y los rostros depresivos hacían parecer a Bratislava como una ciudad recién bombardeada. No soy de juzgar a ninguna nación, ya que como todas, supongo que tienen cosas buenas y malas, pero comentarios de otras personas que han visitado no sólo Eslovaquia sino también otras regiones de Europa del Este, comentan observaciones similares y concluyen que en gran medida, fueron los años bajo el comunismo que transformaron la ciudad, y la sociedad de esa forma. Y es que es tan difícil comprender la diferencia entre Europa Occidental y Oriental, que da como para pensarlo.
Distinto también era Holanda. En un aspecto material se observaba el mismo bienestar que en los demás países de Europa Occidental. Por otro lado, noté que la gente era bastante más fría que en los países germanoparlantes. Pero había aspectos de la realidad social holandesa que me causaron escozor. Por ejemplo, hermosísimas parroquias y catedrales hoy se han convertido en museos, salones de eventos y hasta en discotecas. Uno de esos museos incluso, mostraba la historia de Holanda bajo el cristianismo, enseñándolo como cual período histórico del pasado. Habían sex-shops por todas partes, coffeeshops (locales de venta y consumo de marihuana y otras drogas recreativas orgánicas), incluso había hasta un Museo Erótico y Museo del Sexo. Por si fuera poco, tuve la “fortuna” de estar en Amsterdam justo para la celebración anual del “Día del Orgullo Gay”. Sin exagerar, se respiraba un ambiente de fiesta nacional. Líderes políticos se paseaban en lanchas por los canales junto con homosexuales, agitando la bandera gay. Compañías, sindicatos y otros particulares también mostraban su adhesión paseándose por la ciudad con banderas y lienzos apoyando la causa. Incluso varias viviendas relucían la bandera gay a modo personal, como si fuera la bandera chilena en un 18 de Septiembre. Y a continuación, lo mejor: el gobierno anunció que cualquier actitud “discriminatoria” proferida por cualquier ciudadano común hacia la comunidad gay, sería penalizada con dos días de cárcel.
Pese a no sentirme cómodo allí, presenciar la Europa post-cristiana fue un golpe que me enseñó en vivo y en directo, el tipo de sociedad hacia donde el materialismo y el relativismo nos quieren llevar, lo que me da más energía y motivación para luchar por la defensa de la tradición y valores sociales cristianos.
En conclusión, toda vivencia en este mes de viaje fue sumamente enriquecedora y sin duda inolvidable. El aprendizaje académico y personal, el conocer una cultura diferente a la nuestra con tantos ejemplos que tomar para nosotros, y el haber estudiado filosofía en qué mejor lugar sino el centro y símbolo de la historia y cultura cristianas, me hace sentir tremendamente afortunado y por supuesto, profundamente agradecido de quienes lograron que esto fuera posible. Y si este testimonio ha inspirado a algún lector para vivir esta misma experiencia, que no desaproveche la oportunidad, que busque la manera de hacerlo posible sea como sea. Porque lo vivido y lo aprendido simplemente, no tiene precio.
Como resultado del encuentro en Teherán, Irán, entre una delegación musulmana y una representación de la Santa Sede, se dio a conocer un acuerdo en el que se resalta que la libertad religiosa es propia de toda persona, debe ser respetada por el Estado y no puede relegarse a la religión a la esfera privada.