Ponte Implanon y haz lo que quieras!
Martes, Enero 3rd, 2012
Hace pocos días se generó una polémica en nuestro país respecto a la licitud e idoneidad de un método anticonceptivo llamado Implanon. Este método, en pocas palabras, implica la inyección de una sustancia a las niñas en edad fértil, con la cual, sin más, se impediría la concepción por un plazo de entre 3 a 5 años. La polémica empieza por la edad que el gobierno sugiere como idónea para aplicar este método (llega a utilizarse en niñas de 11 años), continua por el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos en estos temas (dado que su consentimiento no es necesario para su aplicación) y termina en algo que, a juicio personal, es mucho más alarmante: la idea que todos tenemos, al parecer sin objeciones, de lo que es la educación sexual.
Llama la atención el ver como en estos días el tema de la educación sexual pasa inadvertida y peligrosamente por una distorsión absoluta. Hoy parece que todos entendemos que la educación sexual es un concepto tan acotado y carente de contenido, que se lo reduce a algo así como “tips para tener sexo seguro”.
Ahora nadie parece detenerse en una pregunta fundamental: “¿Qué es el sexo?” (pues difícilmente puede educarse a alguien respecto de algo indeterminado) y la respuesta, que parece sencilla, no lo es en absoluto.
La primera aproximación que podemos darle, y por supuesto la más primitiva, es la del acto sexual, o, más primitivo aún, la penetración (en cualquiera de sus formas). Así de sencillo.
Partiendo de semejante base es fácil llegar rápidamente a la conclusión de que se trata nada más que de un deporte. Una especie de gimnasia que hay que saber practicar y para la cual son necesarios varios “tips” (todo deporte tiene riesgos de lesión, y para todos se requiere una especie de talento). Lo anterior suena burdo y simplista, pero para algunos la sexualidad no tiene mayor valor que el descrito. Si usted lector cree que esto no tiene sentido, sepa desde ya que esa es la visión amplia, tolerante y pluralista con que se definen las políticas de educación sexual en nuestro país.
El punto es que la versión anterior no es unánime, algunos creemos que la así llamada “educación sexual” debiese llamarse “educación en la afectividad”. Pero la sociedad libre que hemos construido, y que dice llamarse democrática, no considera a ninguno de nosotros. Se nos dice que una educación semejante es impracticable porque “los chicos igual lo van a hacer” o porque “tenemos que centrarnos en combatir el problema del embarazo adolescente y el del SIDA, que son problemas presentes y crecientes”. Ante lo cual respondo: claro, si miramos al SIDA y al embarazo adolescente como problemas autogenerados (y no como la consecuencia de un ejercicio desordenado de la sexualidad), entonces nunca solucionaremos estos problemas. Si continuamos anclados a la premisa de que somos todos tan primitivos como el mono, y que solo se nos puede educar para perfeccionar técnicas “paliativas de los efectos del sexo”, entonces solo nos queda esperar que los problemas se agraven.
Una sociedad de personas libres es una sociedad de personas que, sabiendo lo que hacen, optan por hacer una cosa u otra. Pero si ni se les da las herramientas suficientes para tomar sus decisiones y, totalitariamente se les impone una opción (como ocurre en el caso de Implanon), difícilmente podemos hablar de libertad o de democracia.
Felipe Ross C.



Los casos recientes asociados a la donación de órganos, nos hacen reflexionar sobre como podemos promover una auténtica cultura de generosidad y solidaridad para con los enfermos, teniendo un marco legal adecuado, la infraestructura necesaria, y la certeza de que se efectúa bajo los más estrictos principios éticos y morales.
Grandes avances en la investigación biomédica permiten al hombre tener diversos medios terapéuticos para intervenir en los mecanismos de la procreación. Sin embargo, Dios ha confiado al hombre el don de la vida y le exige tomar conciencia de su inestimable valor y lo tome con responsabilidad.
Según una circular emitida el año 1987 (Circular Nº 2C/1) los almacenes farmacéuticos podían instalarse sólo en aquellas localidades donde la relación farmacia/habitante fuera menor a 1/10.000. La principal función de estos almacenes era abastecer a aquellas localidades donde el acceso a los medicamentos se veía dificultado por la lejanía de una farmacia.